martes, 21 de julio de 2009

MANUEL FIGUEROA UN POETA DE RECONOCIDA TRAYECTORIA

Edgardo Malaspina

Poeta, médico y cronista oficial de Las Mercedes del Llano


Se marchó Don Manuel Figueroa, poeta, político y cantante. Vino al mundo en Atapirire, Estado Anzoátegui, el 3 de febrero de 1928; pero su vida transcurrió entre Las Mercedes del Llano y San Juan de los Morros, pueblos a los que dedicó gran parte de su producción lírica, la cual inicio en 1996 con el libro Romance. Esa obra constituyó una selección de muchos versos, escritos y reescritos en múltiples ocasiones durante largo tiempo. Allí trazó estrofas amorosas, folklóricas y de protesta. Tuvo influencia de los románticos españoles Bécquer, Campoamor y Muñoz de Arce. También de los cultores del folclorismo venezolano y de nuestros clásicos, como Bello, Pérez Bonalde y Lazo Martí. En el 2001 publicó su segundo libro: Guía Turística de San Juan de los Morros, obra única en su género que recoge la historia de la capital del Guárico, junto a la de sus monumentos e instituciones .También menciona algunos personajes prominentes, o simplemente populares. La peculiaridad del libro radica en el hecho de que el comentario es luego reforzado con imágenes y versos. “Quiero escribir a San Juan para sentir un recuerdo, para añorar momentos felices de mi vida, para soñar, para vivir…”. Escribió en esa ocasión.


En El Mensajero del Alma (2002) recoge varios ensayos junto a muchos poemas. Son especialmente tiernos los versos dedicados su madre, doña María de Figueroa. Carlojuvenal, prologuista del texto figueroano destaca en ellos los conceptos de justicia, equidad y sentido del amor. También se refiere al tema femenino, abordado por Figueroa “desde dos perspectivas fundamentales: la mujer como esencia de erotismo y la mujer como fuente reproductora capaz de amar, de guiar y construir”.


Recordar es Vivir (2003) se lo dedicó a Las Mercedes del Llano: “Tierra fértil y acogedora, la tierra de los recuerdos y de la nostalgia, de la inspiración y de la añoranza, de la pasión y del amor; llega a mi mente con el calor radiante de una quimera, con el deseo infatigable de paz y de tranquilidad a mi espíritu en el tortuoso camino de la vida, para saciar mi sed espiritual y expresar mis sentimientos hacia un pueblo, que junto con San Juan de los Morros, constituyen o han formado mis dos patrias chicas por adopción. Las Mercedes, tierra de Dios, nació para no morir, para extender sus brazos y su bondad a todos sus moradores, para dar cariño, para sentir la felicidad de ser ungida por el Señor, para proporcionar el bien a propios y extraños”.


Don Manuel dedicó su extensa e importante obra lírica a su también extensa prole: Josefina, Carlos Vladimir, Manuel Antonio, Félix José, Ukrania Coromoto, Luis Rafael, Crisálida del Valle, Calos Luis, Marcos Luis, Saymar Yamelis, Juan Félix y Juan Manuel. Porque los hijos también son poemas, decía.


Conocí a Don Manuel durante las conversaciones que sostenía con mi padre, Alfonso Malaspina, de quien era compadre. En la farmacia Las Mercedes, era típico su gesto de escrutar las presentaciones medicamentosas, no a través de los cristales de sus lentes, sino por encima de los mismos. Era farmaceuta autodidacto. Una vez fue presidente de las fiestas patronales de pueblo. Entonces sorprendió gratamente a los mercedenses, cuando desde una tarima entonó con hermosa voz un tango gardeliano. Trabajamos juntos en el ámbito de la cultura y sostuvimos largas conversaciones sobre medicina, poesía y filosofía. Era excelente contertulio y manejaba cualquier situación difícil con fino humor y optimismo. En política fue fundador del MIR guariqueño y mantuvo siempre sus ideas izquierdistas y de equidad social.


Una vez Don Manuel hizo la siguiente reflexión: “La vida será ingrata, pero es dulce, porque se siente en lo más íntimo la satisfacción y el deseo de continuar viviendo; nunca deseamos morir y antes por el contrario, pedimos con vehemencia continuar viviendo y si es posible eternamente”. Y Don Manuel vivirá eternamente, porque amó y trabajó constantemente la poesía; y como dijo un bardo, se hace poesía para que la muerte nunca tenga la última palabra.

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